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Es impactante que en el mundo existan tantas acciones descontaminantes y benévolas con el medio ambiente; las cuales se contrastan con las conocidas pasando por el hipo clorito de sodio, el alcohol, el amonio y elementos químicos agresivos que luchan para la erradicación de los patógenos.

Los patógenos, para referirnos a todo el universo de componentes infecciosos que tiene que lidiar el ser humano, son parte de nuestra vida. El sistema inmunológico tiene capacidades internas y nuestro planeta también hace lo suyo.

Automáticamente podemos nombrar a los neutrófilos de nuestro cuerpo y también a la luz ultravioleta del Sol. Tanto los neutrófilos como el Sol hacen lo suyo para con los patógenos y así nos mantenemos en una constante liberación de la contaminación. Sin embargo, el avance de las mutaciones de los patógenos, siempre nos pondrá en desventaja y ni nuestro sistema inmunológico, la luz ultra violeta, el ozono, el agua electrotratada o la fotocatálisis podrán defendernos, en algún momento del tiempo.

Ya estamos en el siglo XXI y es tiempo de hacernos cargo de muchas condiciones que se incrementarán. La ingesta de alimentos cárnicos, la convivencia de humanos con animales, el cambio en las células vegetales y su posterior manipulación para la alimentación y, así, un largo etc. Sumando, inapelablemente, a las personas más despojadas y despreocupadas, las cuales llegan a ser las primeras en adquirir infecciones, para luego transmitir la contaminación hacia el resto de la población.

Héctor Samuel Quijada Olguín